Novena en honor a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
DÍA PRIMERO
(Misal Mariano N° 40)
1Canto a la Santísima Virgen
2ORACIÓN
Señor Jesucristo, que nos has dado por Madre, pronta siempre a socorrernos, a tu Madre María, cuya insigne imagen veneramos; te rogamos que, implorando sin cesar su ayuda maternal, merezcamos experimentar perpetuamente los frutos de tu redención. Tú que vives y reinas...
3Lectura del libro de Isaías. (66,10-14)
Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto. Os alimentaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes. Porque así dice el Señor: "Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados. Al verlo, se alegrará vuestro corazón y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos, y su cólera a sus enemigos". Palabra de Dios.
Salmo responsorial. (S.130)
R/ Mi alma confía en ti, Señor.
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R/.
Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre. R/.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre. R/.
Lectura del santo Evangelio según san Juan. (2,1-11)
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la Madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino y la Madre de Jesús le dijo: "No les queda vino". Jesús le contestó: "Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora".
Su Madre dijo a los sirvientes: "Haced lo que él diga". Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: "Llenad las tinajas de agua". Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: "Sacad ahora y llevádselo al mayordomo". Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: "Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora. Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él. Palabra del Señor.
5Consideración
En el siglo XV había una imagen de María, un ICONO, muy venerado en la isla de Creta. No sabemos por qué ni cómo un mercader la sustrajo y se embarcó con ella para Roma. Alojado en casa de un amigo, a los pocos días, le sorprendió una grave enfermedad y se vio a punto de morir. Entonces le participó a su amigo romano el secreto del cuadro de María que había traído de Creta, encargándole ponerlo en una iglesia de Roma.
Murió el mercader. Su amigo buscó la imagen de la Santísima Virgen para llevarla a una iglesia, conforme a la petición del mercader. Su esposa se opuso a que la imagen saliera de la casa y la colgaron en la alcoba.
En sueños, la Santísima Virgen le exigió a aquel hombre que cumpliera el encargo de su amigo. Pero él, movido por la esposa, no hizo caso. Nuevas advertencias y amenazas de muerte se sucedieron en noches posteriores, pero él, mal aconsejado, como siempre, no hizo caso. Enfermó y murió.
Una noche, la Virgen Santísima habló a una niña de seis años, hija de aquel matrimonio: "Di a tu madre que la Virgen del Perpetuo Socorro quiere ser venerada en la iglesia que está entre Santa María Mayor y San Juan de Letrán". También aquella señora tuvo una comunicación seme-jante. Así cuando la niña le participó el mensaje de la Santísima Virgen, se decidió a cumplir la voluntad del cielo, culpándose a sí misma de la muerte de su esposo. Habló con los Padres Agustinos, encargados del Templo de San Mateo, y el 27 de marzo de 1499, solemnemente, se llevó el cuadro de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro, como ella misma se había llamado, a dicha iglesia.
Durante tres siglos, desde ese templo, la Virgen María dispensó sus favores a los devotos que acudían en demanda de auxilio para sus necesidades. Se multiplicaron los milagros y se extendió su fama, al punto que el Papa León X, en 1517, erigió la iglesia de San Mateo en título cardenalicio
Pero llegaron después días oscuros y de persecución para la Iglesia. Las tropas de Napoleón se apoderaron de Roma. El Papa fue hecho prisionero. Y entre las reformas que quiso el invasor hacer en la Ciudad Eterna, una fue la demolición de la iglesia de San Mateo.
Con ello la milagrosa imagen del Perpetuo Socorro se vio reducida a una pequeña capilla en la residencia de los Padres Agustinos, en Santa María in Posterula. Privada de culto público, no le faltó, sin embargo, la devoción y el amor del Hermano Agustín Orsetti, que trataba de comunicarlo al niño Miguel Marchi, acólito en dicha capilla.
Pasaron los años. Los Padres Redentoristas buscan un terreno en Roma para construir la casa
generalicia. Descartadas muchas ofertas, en 1855 compran uno perteneciente a la familia Gaetani que había adquirido en 1811 y que no era otro sino el terreno donde había estado la iglesia de San Mateo
Un sermón del P. Francisco Blossi, jesuita, en que relataba los prodigios de nuestra Señora del Perpetuo Socorro que se veneraba en San Mateo, basado en las predicaciones que hacía un siglo, otro jesuita, el P. Carocci, había tenido, despierta el interés y deseo de encontrar la veneranda imagen. Es entonces cuando el P. Miguel Marchi, ya redentorista, el mismo acólito de Santa María in Posterula, que tanto había escuchado el encargo del Hno. Orsetti, se acordó de sus palabras: "Sábetelo bien, Miguelito mío,: la Virgen de San Mateo es aquella que está allá arriba en la capilla. No lo olvides".
Lo comunica a sus superiores y ellos recurren al Sumo Pontífice Pío IX para que conceda el Cuadro de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro a los Padres Redentoristas, a fin de que vuelva al mismo sitio que la Sma. Virgen escogió para ser venerada en la Ciudad Eterna, y hoy es la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, el gran cantor de las glorias de María.
Así se hizo. Y desde entonces, 19 de enero de 1866, la Virgen del Perpetuo Socorro conquista los corazones del mundo, no solo de los creyentes, sino aún de la muchedumbre de paganos que también a ella acuden en demanda de socorro. Desde su trono de la iglesia-basílica, hoy también Título Cardenalicio, de San Alfonso, María ilumina con sus rayos bienhechores el universo entero.
¡Son los caminos admirables de la Divina Providencia! Verdaderamente Dios es el Señor de la historia. Todo se va encadenando, suceso tras suceso, de manera maravillosa, para que la imagen de María llegue a Roma, centro de la Iglesia Universal, quede bajo el cuidado de una Congregación misionera y así pueda extenderse el
amor a María y su perpetua protección a todos los hombres del mundo entero que a ella quieran acudir.
- Oh Madre del Perpetuo Socorro, cuyo solo nombre inspira confianza.
R/. Ven en mi socorro, ¡oh Madre de Bondad!
- En el momento de la tentación, para que yo resista. R/.
- Cuando haya tenido la desgracia de pecar, para que pueda arrepentirme. R/.
- Contra las seducciones de la tentación, las compañías peligrosas y los cines y libros perniciosos. R/.
- Si vivo descuidado en la piedad, para que me enfervorice. R/.
- En la recepción de los sacramentos y en el cumplimiento de los deberes de piedad. R/.
- Para que sea fiel en participar en la santa Misa dominical y en orar cada día. R/.
- Para que escuchando la Palabra de Dios obre de acuerdo con ella.
- Para que escuchando la Palabra de Dios obre de acuerdo con ella. R/.
- Para que haga de mi vida un servicio a Dios y al prójimo. R/.
- En todas las pruebas y dificultades de la vida. R/.
- Contra mi propia inconstancia y para que persevere hasta la muerte. R/.
- Para que te ame, te honre y te invoque siempre. R/.
- ¡Oh Madre mía! hasta mi último día, hasta mi último suspiro. R/.
Oración. ¡Oh Santísima Virgen María! que para inspirarnos una confianza sin límites has querido tomar el nombre de "Madre del Perpetuo Socorro", yo te suplico me socorras en todo tiempo y en todo lugar: en mis tentaciones y después de mis caídas, en mis dificultades y en todas las miserias de la vida y sobre todo en el trance de la muerte.
¡Concédeme, oh amorosa Madre! el pensamiento y la costumbre de recurrir siempre a Ti, porque estoy cierto de que si soy fiel en invocarte, Tú serás fiel en socorrerme. Obtenme, pues, esta gracia de las gracias, la gracia de suplicarte sin cesar con la confianza de un hijo, a fin de que, por la virtud de esta súplica constante, obtenga tu perpetuo socorro y la perseverancia final. Bendíceme, ¡oh tierna y cuidadosa Madre! y ruega por mí, ahora y en la hora de mi muerte. Amén.
DÍA SEGUNDO
Cooperadora en la Redención - ( M.M. N°11.)
1Canto a la Santísima Virgen
2ORACIÓN
Como el primer día.3Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.(8,31-39).
Hermanos: si Dios está con nosotros ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? Será, acaso, Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿El hambre? ¿La persecución? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Como dice la Escritura: "Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza".
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido
de que ni la muerte, ni la vida, ni ángel, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial. (S.17).
R/. En el peligro invoqué al Señor.
Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. R/.
Me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban, me envolvían las redes del abismo, me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.
En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios: desde su templo él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos. R/.
Me acosaban el día funesto, pero el Señor fue mi apoyo; me sacó a un lugar espacioso, me libró porque me amaba. R/.
Lectura del santo Evangelio según san Juan. (19,25-27).
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su Madre, la hermana de su Madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su Madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su Madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu Madre".
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió por suya.
Palabra del Señor.
5Consideración
Cuando queremos penetrar en el significado del Cuadro de nuestra Señora del Perpetuo Socorro, lo primero que salta a la vista es que se trata de una "Virgen de la Pasión". Una Virgen Dolorosa. Todo en él a quien lo observa le habla de la compasión de María en la Pasión dolorosísima de su
Hijo.
Desde que el Verbo de Dios asumió la naturaleza humana, empezó a ser víctima de propiciación por nuestros pecados, como nos lo enseña la carta a los Hebreos: "Sacrificio y obla-ción no quisiste, pero me has formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, que de mí está escrito en el rollo del libro, a hacer, oh Dios, tu voluntad" (10,6-8). Toda la vida de Jesús, desde la Encarnación hasta su muerte en la cruz, fue una permanente experiencia de su Pasión vivida en lo íntimo de su alma.
El Cuadro de nuestra Señora del Perpetuo Socorro nos presenta a Jesús Niño angustiado, sobrecogido por la vista de los ángeles que le presentan los instrumentos de la Pasión.
Si eso fue para Cristo ser Víctima por nuestros pecados, la Santísima Virgen estuvo también toda la vida asociada a ese sufrimiento, a esa angustia. Cuando el ángel le anuncia el designio divino de hacerla Madre de Dios, ella responde con un "sí" (fiat) generoso que mantendrá toda la vida. Cierto que, a diferencia de Cristo, entonces no puede dimensionar todo el alcance de su "sí", y el mar de
angustias que le traerá. Pero sí algo intuye y, llena de fe y de entrega absoluta a Dios, acepta de una vez por todas cuanto signifique esa voluntad divina.
Pronto el anciano Simeón le hablará de una es- pada que atravesará su alma; pronto tendrá que huir a Egipto, porque su Hijo empieza a ser perseguido; pronto verá cómo sangra su corazón en la pérdida de Jesús en el Templo. Sin duda que su divino Hijo más de una vez le hablaría de "su hora", dándole a entender toda la inmensidad del dolor y humillación que le acarrearía.
El mismo Jesús se encargará de recordárselo en la Bodas de Caná de Galilea, y María, gradualmente, iba penetrando en el misterio de amor y de dolor de la redención que llevaba a cabo su Hijo y en la que necesariamente, como Madre, se vería asociada. Por ello toda la vida de María fue cruz y calvario.
El Cuadro de nuestra Señora del Perpetuo Socorro nos presenta admirablemente a la Santísima Virgen impregnada toda ella de profunda, pero serena, tristeza. A su pecho materno se acoge Jesús sobresaltado por el anuncio de la Pasión y nos presenta, de esa manera, la íntima unión de sentimientos entre Jesús y María: como
ella realmente compadeció con el Redentor, fue Corredentora.
Esta imagen, pues, de María nos está hablando de una manera admirable del continuo sufrimiento de Jesús y de María, como víctimas por nuestros pecados, para invitarnos a vivir también nosotros "con los mismos sentimientos según Cristo"(Rm.15,5) y "revestirnos de Cristo Jesús"(Rm.13,14).
Somos cristianos en la medida en que "la vida de Cristo se manifiesta en nuestro miembros mortales", porque "llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Cristo"(2Cor 4,10). El bautismo que nos hizo cristianos fue para nosotros "un morir al pecado, de una vez para siempre, y un vivir para Dios"(Rom.6,10). La verdadera devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro, estará, por consiguiente, en unirnos a su compasión, procurando que esa vida de Jesús sea en nosotros una realidad transformante que orien
te nuestra existencia y dé el verdadero sentido a nuestra vida.
¡Concédannos Jesús y María la gracia de esa vida de plenitud cristiana!
6Invocaciones. Como el día primero
DÍA TERCERO
- Madre de Dios - M.M. N° 4
1Canto a la Santísima Virgen
2ORACIÓN
Como el primer día.3Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (4,4-7)
Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley. para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: "Abbá", Padre. Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
Palabra de Dios.
- Salmo Responsorial. (S.21).
R/. Señor, desde el vientre materno tú eres mi Dios.
Tú, Señor, habitas en el Santuario, esperanza de Israel.
En ti confiaban nuestros padres; confiaban y los ponías a salvo;
a ti gritaban y quedaban libres; en ti confiaban y no los defraudaste. R/.
Tú eres quien me sacó del vientre,
me tenías confiado en los pechos de mi madre;
desde el seno pasé a tus manos,
desde el vientre materno tú eres mi Dios. R/.
Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel. R/.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (2,15-19).
En aquel tiempo, los pastores se decían unos a otros: "Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor".
Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel Niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Palabra del Señor.
5Consideración
En el siglo V, la Iglesia reunida en el Concilio de Éfeso, exultante de gozo, proclamó solemnemente el dogma de la Maternidad divina de María: ella es verdadera "Theotocos": Madre de Dios. Este dogma impregnó toda la vida de las comunidades cristianas de entonces y se expresó de mil maneras en la iconografía de todos los siglos posteriores.
También el Cuadro de nuestra Señora del Perpetuo Socorro destaca esta prerrogativa fundamental de la Santísima Virgen.
Al tomar la naturaleza humana, Dios unió en Cristo esa naturaleza y la naturaleza divina en la única Persona divina de la Palabra, o Verbo, de Dios. Por eso, Cristo es verdaderamente Dios y hombre; no un hombre divinizado, sino Dios mismo. No hay en él persona humana, sino solo
divina. La Santísima Virgen fue hecha Madre de Cristo y por lo mismo Madre de Dios. De esta manera admirable y única, asoció Dios a la mujer en el plan de salvación de la humanidad.
En el Cuadro de nuestra Señora del Perpetuo Socorro encontramos unas letras griegas que significan "Madre de Dios", y junto a la imagen del Niño otras letras griegas dicen "Jesucristo". Así se expresa, de manera clara, cómo ese Niño es el Ungido, o Cristo, el Jesús de la fe, el Hijo de Dios hecho hombre, y por eso mismo se consigna expresamente la prerrogativa de su Madre: Madre de Dios. La primera afirmación que se hace en este admirable Cuadro acerca de María es la de "Madre de Dios", el dogma fundamental y base de todos los privilegios de la Santísima Virgen María. En la historia del primer pecado con que el hombre destruyó la obra del Amor infinito de Dios en él, tomaron parte Adán tanto como Eva. La responsabilidad principal era de Adán, pero Eva fue causante de la seducción de Adán. Dios, en Cristo y en María, reparó en su totalidad esa obra de Amor, y de manera aún más admirable.
El hombre había sido destinado a participar de la misma vida de Dios, desde que fue creado a imagen y semejanza del Dios Trino. Con la Encarnación el hombre es restituido a esa dignidad. La mujer, partícipe de la misma vida divina, al igual que el hombre, debía transmitir junto con la vida natural, a sus descendientes, esa vida divina. Ahora en María la mujer ha sido elevada a Madre del Autor de la vida.
Así Dios renueva de manera más excelente su creación, y cambia el error del hombre, en la maravilla de las maravillas: La Encarnación del Hijo de Dios y la Maternidad divina de María.
Así en Cristo y en María ha sido exaltada la dignidad humana hasta la cima más alta posible, hasta Dios. Somos por gracia hermanos de Cristo e hijos de María: estamos colocados en la altísima cima de Dios, por sobre todas las criaturas, altura de vértigo para quien seriamente reflexiona; pero
que debe llevarnos a la práctica sincera de un cúmulo de virtudes: la humildad, porque no por nuestro esfuerzo, sino por pura gracia, hasta allá hemos ascendido; la fidelidad, porque es lo que Dios nos pide para mantenernos en tan asombrosa dignidad; el amor, porque un amor infinito de parte de Dios, no puede ser correspondido sino con un amor y entrega sin límites de parte nuestra. Por ello tengamos siempre muy presentes aquellas palabras del Papa san León Magno: "Reconoce, oh cristiano, tu dignidad, y ya que ahora participas de la misma naturaleza divina, no vuelvas a tu antigua vileza, con una vida depravada"(P.L.54193).
6Invocaciones. Como el día primero
DÍA CUARTO
- Madre de la Iglesia - (M.M. N° 25.)
1Canto a la Santísima Virgen
2ORACIÓN
Como el primer día3Lectura del libro del Génesis (3,9-20)
Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: "¿Dónde estás?". El contestó: "Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo y me escondí". El Señor respondió:"¿Quién te informó que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol que te prohibí comer?". Adán respondió: "La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí". El Señor dijo a la mujer: "¿Qué es lo que has hecho?. Ella respondió: "La serpiente me engañó y comí". El Señor dijo a la serpiente: "Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón".
El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial. (Jdt.13,18-19)
R/. Tú eres el orgullo de nuestra raza.
El Altísimo te ha bendecido, hija,
más que todas las mujeres de la tierra.
Bendito el Señor, creador del cielo y de la tierra. R/
Que hoy ha glorificado tu nombre de tal modo,
que tu alabanza estará siempre
en la boca de todos los que se acuerden de esta obra poderosa de Dios. R/.
Lectura del santo Evangelio según san Juan (19,25-27).
- Como el día segundo p. 17
5Consideración
Al concluirse el Concilio Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965, el Papa Pablo VI solemnemente declaró que ese Concilio se había reunido "en el Espíritu Santo y bajo la protección de la Bien- aventurada Virgen María", a quien declara "Madre de la Iglesia". A partir de entonces la devoción y piedad de la Iglesia Universal y de los fieles todos hacia la Madre de Dios encontrará en ese título, como una nueva luz sobre el papel de María en el plan divino de salvación de la humanidad.
La teología mariana ha visto siempre en la Santísima Virgen el prototipo o imagen de la Iglesia. Por ello la Iglesia, al interpretar la sagrada Escritura, aplica a María los mismos textos que también entiende como relacionados con ella.
Como dice san Agustín, la Santísima Virgen "es verdadera Madre de los miembros de Cristo..., por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles que son miembros de aquella Cabeza"(P.L.40,399). Por eso "la Iglesia Católica, instruida por el Espíritu Santo, según palabras del Concilio Vaticano II, venera a María como a Madre amantísima con afecto de piedad filial"(L.G.53). Es ella la esposa del Cantar de los Cantares; es ella la "mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza" que nos presenta el Apocalipsis
(12,1); es ella el nuevo Templo de Dios más perfecto que el de Salomón; es ella el arca de la nueva alianza; es ella el trono de la Sabiduría y la Torre de David. Y así, muchas otras imágenes de la Escritura que prefiguran tanto a la Iglesia de Cristo, como a la Santísima Virgen María. Por eso san Ambrosio llamó a la "Madre de Dios, tipo de la Iglesia en orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo"(P.L.15,1555). Figura y Madre de la Iglesia es, pues, la Santísima Virgen para estos tiempos postconciliares particularmente, en que tanto necesitamos de su protección materna para que podamos mostrar a todos los
hombres de hoy el nuevo rostro de Cristo, que lleve a la humanidad a construir una nueva civilización del amor.
El Cuadro de nuestra Señora del Perpetuo Socorro nos presenta esta prerrogativa de María, tan actual, de una manera admirable. A la derecha del Cuadro (izquierda del que mira) está un ángel que presenta al Niño Dios la esponja y la lanza. Sobre la misma figura está el nombre: "el ángel Miguel". Este arcángel aparece en la sagrada Escritura como el defensor del Pueblo de Dios.
Así lo presenta el profeta Daniel: "Nadie me presta ayuda para esto, excepto Miguel, vuestro príncipe, mi apoyo para darme ayuda y sostenerme"(10,21). Y es él precisamente, el que ofrece la esponja con que a Cristo crucificado dieron vinagre los soldados, y la lanza con la que atravesaron el Corazón de Cristo, muerto en la cruz. Como enseña san Juan Crisóstomo: "del Corazón abierto de Cristo brotó agua, signo del bautismo, y sangre, signo de la Eucaristía, sacramentos con los que se edifica la Iglesia, por lo que del Corazón del Salvador abierto por la lanza nació la Iglesia, como Eva fue formada del costado de Adán"(S,C.50,176).
6Invocaciones. Como el día primero
De esta manera, con este conjunto de imágenes y alusiones al misterio de nuestra salvación, el Cuadro de nuestra Señora del Perpetuo Socorro nos presenta de modo maravilloso cómo la Virgen María es verdadera Madre de la Iglesia.
Somos todos miembros de la Iglesia; por lo mismo hijos de María. Pero no nos basta con llevar ese título. Es necesario que nuestra vida, con su actuar cotidiano, manifieste claramente que somos hijos de la Santísima Virgen María. Un hijo se parece a su madre: que nuestra fe sea como la de María; que nuestra esperanza se mantenga firme a pesar de las oscuridades y confusiones de nuestros tiempos, como fue la Santísima Virgen, cuando todos desfallecían y se desorientaban en la muerte del Señor; que ardan siempre nuestros corazones en el verdadero amor de Dios, hasta que, rebosando, se derrame sobre todos nuestros hermanos y sobre todo lo que nos rodea, como la Virgen María amó tanto a Dios y a su divino Hijo, que nos aceptó a todos nosotros, pecadores, como hijos suyos, al pie de la cruz.
DÍA QUINTO
Madre nuestra - (M.M. N°2)
1Canto a la Santísima Virgen
2ORACIÓN
Como el primer día.3Lectura del libro de Isaías (7,10-14)
En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: "Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo". Respondió Acaz: "No la pido, no quiero tentar al Señor". Entonces dijo Dios: "Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros". Palabra de Dios.
Salmo Responsorial. (S.39)
R/.- Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: "aquí estoy". R/.
Como está escrito en mi libro, para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R/
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R/.
No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea. R/.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (1,26-38).
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: "No temas,, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre, Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin". Y María dijo al ángel: "¿Cómo será eso, pues no conozco varón?". El ángel le contestó: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que va a nacer Santo se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible".
María contestó: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra". Y el ángel la dejó.
Palabra del Señor.
5Consideración
En su Constitución sobre la Iglesia, el Concilio Vaticano II, recoge la enseñanza de la misma sobre la Santísima Virgen María, y nos dice: "La
Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la Encarnación del Verbo, por disposición de la divina Providencia, fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, y compañera singularmente
generosa entre todas las demás criaturas y humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo y alimentándolo, presentándolo al Padre en el Templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz cooperó en forma enteramente sin par a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente cari-
dad a fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra Madre, en el orden de la gracia". (N°61).
Al tomar, pues, nuestra naturaleza humana el Hijo de Dios en las entrañas de la Santísima Virgen María, vino a incorporarnos a Sí, a hacernos sus miembros formando un cuerpo cuya cabeza es Cristo. (cfr 1Cor 12).
Una madre no lo es solo de la cabeza, sino también de todo el cuerpo. Por eso la Santísima Virgen María, al ser predestinada por Dios para ser Madre de Cristo, lo fue igualmente para ser Madre de todos los redimidos, los miembros de Cristo. En el mismo momento, por consiguiente, de la Encarnación del Verbo, cuando en la Anunciación del ángel, pronunció su "hágase en mí según tu palabra", fue María constituida Madre espiritual nuestra. Y más tarde, al pie de la cruz, escuchó las palabras de su hijo divino que, en la persona de Juan, le confía la humanidad entera para que sea su Madre.
Este misterio, también de modo maravilloso, está expresado en el Cuadro de nuestra Señora del Perpetuo Socorro. A la derecha del que mira, o izquierda del Cuadro, está otro ángel que presenta al Niño Dios la cruz. Sobre el mismo está consignado el nombre: "el ángel Gabriel". Es decir, el mismo arcángel que trae a María el anuncio feliz del designio salvador de Dios, y pide su consentimiento para que, por el Espíritu Santo, pueda convertirse en Madre de Dios, es el que presenta la cruz desde donde Cristo moribundo proclama a su Madre, Madre de todos los redimidos con su sangre.
Así vemos con qué profundidad y acierto, en la imagen del Perpetuo Socorro, se expresa y plasma el asombroso misterio de la maternidad espiritual de María, respecto de todos nosotros, redimidos por la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
María fue constituida Madre nuestra, al ser asociada de manera singular y excelsa a la obra de la salvación del género humano. Y bien sabemos el continuo martirio que significó para su corazón materno el ser Madre del Redentor. Si María dio a luz a su divino Hijo sin los dolores del parto, en cambio, a nosotros, pecadores, no nos concibió como hijos, sino en el inmenso dolor de su vida de Corredentora.
Somos hijos de sus dolores. Muy mal nos quedaría olvidar tantos sufrimientos de nuestra Madre, si, por el pecado, borramos de nuestras almas la imagen de Jesús que se imprimió en nosotros con el bautismo. Honremos, pues, a nuestra Madre celestial con una vida en sintonía con los mandamientos del Señor, permaneciendo siempre en su amor.
6Invocaciones. Como el día primero
DÍA SEXTO
Medianera de la gracia - (M.M. N°20)
1Canto a la Santísima Virgen
2ORACIÓN
Como el primer día.3Lectura del libro de Ester (8,3-8. 16)
En aquellos días, Ester volvió a hablar al rey. Cayó a sus pies llorando y suplicándole que anulase los planes perversos que Amán había tramado contra el pueblo judío.
Cuando el rey extendió hacia Ester el cetro de oro, ella se levantó y quedó en pie ante el rey. Luego dijo: "Si al rey le agrada y quiere hacerme un favor, si mi propuesta le parece bien y si está contento de mí, revoque por escrito la carta de Amán, hijo de Hamdatá, de Agag, que había mandado exterminar a los judíos en las provincias del Imperio. Porque ¿cómo podré ver la desgracia que se echa sobre mi pueblo? ¿Cómo podré ver la destrucción de mi familia?".
El rey Asuero dijo entonces a la reina Ester y al judío Mardoqueo: "Ya veis, he dado a Ester la casa de Amán y a él lo han ahorcado por atentar contra los judíos. Vosotros escribid en nombre del rey lo que os parezca sobre los judíos, y sellado con el sello real, pues los documentos escritos en nombre del rey y sellados con su sello son irrevocables".
Para los judíos fue un día luminoso y alegre, gozoso y triunfal. En cada provincia y ciudad a donde llegaba el decreto del rey, los judíos se llenaban de inmensa alegría, y celebraban banquetes y fiestas. Y muchos gentiles se convirtieron. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial. (S.66).
R/.- Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.
El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R/.
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. R/.
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios. R/.
Lectura del santo Evangelio según san Juan (2,1-11)
- Como el día primero,
5Consideración
El divino Maestro nos enseña en el Evangelio: "Sin mí no podéis hacer nada"(Jn.15,5). Toda la vida sobrenatural y toda la fuerza y capacidad para permanecer en ella, nos viene de Jesucristo.
Cristo, o, según la comparación empleada por el mismo Salvador, fuimos injertados en él como ramas de una árbol, participamos de la vida divina que Cristo tiene en su plenitud, y podemos con su ayuda, practicar las virtudes. Sin Jesús, en cambio, carecemos de esa divina vida y somos absolutamente incapaces de practicar ningún bien en el orden sobrenatural. Cristo es la fuente inagotable de toda gracia. Toda nuestra vida cristiana consiste, por consiguiente, en permanecer unidos a Jesucristo, pero esto mismo no podemos lograrlo con nuestro esfuerzo, sino por la gracia de Dios, pues nadie va a Cristo si el Padre no lo atrae (cfr Jn 6,44). Toda nuestra salvación y toda nuestra esperanza está, pues, en Jesucristo. Pero quiso Dios darnos a su Hijo como Salvador, a través de María.
Fue ella la que al aceptar generosamente el designio de Dios que le anunciaba el ángel, posibilitó la redención de la humanidad. Fue ella, además, la que, como miembro de esta humanidad, aceptó libremente la Encarnación del Verbo: así la salvación no fue algo impuesto por Dios al hombre, sino cosa aceptada libremente por él. Libremente el hombre se apartó de Dios, libremente debía volver a él. La Santísima Virgen fue entonces la voz de la humanidad.
Por mediación de María se dio al hombre la fuente de la gracia que es Jesucristo, de allí que esa misión suya "perdura sin cesar, como enseña el Concilio Vaticano II, desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación y que mantuvo sin vacilar junto a la cruz hasta la consumación perpetua de todos los elegidos"(L.G.62). Ella es, pues, la Medianera de todas las gracias, Auxilio y Socorro de los redimidos, Abogada nuestra.
Este sublime y esperanzador oficio de María, lo encontramos también representado en el Cuadro del Perpetuo Socorro. Allí está Jesús Niño en los brazos de María. Pero ella no mira a su Hijo, ni siquiera a los ángeles, sino a nosotros, como invitándonos a llegarnos confiados a la fuente de la gracia que es su divino Hijo, a quien nos lo ofrece.
Porque por el bautismo fuimos incorporados a Cristo, o, según la comparación empleada por el mismo Salvador, fuimos injertados en él, como
Porque por el bautismo fuimos incorporados a
Esa mirada del Perpetuo Socorro siempre ha sido tan llamativa, que ante ella se pasman los artistas, se estremecen sus amantes y se transfor-man los pecadores. Como dice un canto: "Tienen tus ojos,/ Madre, tanta bondad, /que al mirarlos, me inundo de gozo, me inundo de paz".
Esa mirada llena de profunda, y a la vez serena, tristeza, nos muestra no solo el alma de María que comparte la angustia de su divino Hijo, Víctima por nuestros pecados, sino también nos muestra la aflicción profunda de María que mira nuestra ingratitud, nuestros pecados, nuestro desconocimiento de los beneficios recibidos de Dios, nuestra frialdad de corazón frente al ardentísimo amor que Jesús y ella nos han profesado.
Por consiguiente, fijemos también nuestra mirada, signo de nuestro arrepentimiento, en los ojos tiernos y tristes de nuestra Madre. Midamos en ellos la inmensidad de nuestra ingratitud y tratemos de darles un rayo de alegría, volviéndonos de todo a Cristo, abriendo de par en par nuestro corazón a su amor eterno.
6Invocaciones. Como el día primero
DÍA SÉPTIMO
Madre de la esperanza - (M.M. N°37.)
1Canto a la Santísima Virgen
2ORACIÓN
Como el día primero.3Lectura del libro del Eclesiástico (24,9-12).
Desde el principio, antes de los siglos, me creó y no cesaré jamás.
En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto y en Sión me establecí;
en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder.
Eché raíces entre un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad,
y resido en la congregación plena de los santos.
Yo soy la madre del amor puro, del temor, del conocimiento y de la esperanza santa.
En mí está toda gracia de camino y de verdad,
en mí toda esperanza de vida y de virtud.
Venid a mí los que me amáis,
el que me bebe tendrá más sed;
y saciaos de mis frutos;
mi nombre es más dulce que la miel,
y mi herencia mejor que los panales.
El que me come tendrá más hambre,
el que me escucha no fracasará,
el que me pone en práctica no pecará;
el que me honra poseerá la vida eterna. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial. (Lc.1,46-55)
R/. María, esperanza nuestra, Dios te salve.
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava. R/.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. R/.
Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón. R/.
Derriba e trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. R/.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y su descendencia por siempre. R/.
Lectura del santo Evangelio según san Juan (2,1-11).
- Como el día primero,
5Consideración
Si leemos el Evangelio, notaremos que la predicación toda y la vida misma de Jesús fue un sublime canto de esperanza. La vida terrena de Jesús fue una vida totalmente centrada en la esperanza. Aunque, como Dios, poseía en todo tiempo la plenitud de la vida y de la gloria, sin embargo, su humanidad tenía que esperar la glorificación de la resurrección y ascensión al cielo. Por eso constantemente habla Jesucristo de su glorificación y suspira por ella. Glorificación que siempre presenta unida con su muerte: "Como relámpago fulgurante que brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación" (Lc.17,24-25). "Entonces verán al Hijo de hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria"(Mrc.13,26). "Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo, pero si muere da mucho fruto" (Jn.12,23-24).
Estas, entre otras muchas, son las afirmaciones de Jesús en que nos habla de su plena glorificación junto al Padre, después de padecer y morir por nosotros, porque "era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria" (Lc.24,24).
Nuestra vida ha de estar también cimentada en la esperanza, como la de Cristo. Cierto que Cristo tenía la certeza de su glorificación; en cambio, nosotros tenemos que forjar esa gloria en el temor santo y entre múltiples peligros. Pero para sostenernos, el mismo Cristo nos dio a su propia Madre que fuera para nosotros estrella de la esperanza, no solo como modelo perfecto, sino como uno de sus oficios maternales.
También el Cuadro de nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de manera admirable, nos presenta a María como Madre y estrella de la esperanza.
Nosotros en el mar de este mundo navegamos en frágiles embarcaciones en medio de las tempestades que sin cesar nos azotan, pero allí etá María, estrella luminosa, que siempre nos muestra el puerto seguro, Cristo Jesús, y da certeza a nuestra humana esperanza. Así nos lo recuerda constantemente la estrella que fulgura en su frente y el Niño que sostiene en sus brazos.
En las tentaciones, en los peligros de perder a Dios, invoquemos con insistencia a María, Perpetuo Socorro nuestro, y podremos mantener la alegre esperanza de alcanzar al fin nuestra salvación eterna.
6Invocaciones. Como el día primero
DÍA OCTAVO
Refugio de los pecadores - (M.M. N°39/II.)
1Canto a la Santísima Virgen
2ORACIÓN
Como el primer día.3Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (2,4-10)
Hermanos: Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo, por pura gracia estáis salvados, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.
Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.
Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo
Jesús, para que nos dediquemos a las obras buenas, que él nos asignó para que las practicásemos. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial. (S.102).
R/. La misericordia del Señor dura siempre.
Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R/.
El perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R/.
El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. R/.
Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
Pero la misericordia del Señor dura siempre, su justicia pasa de hijos a nietos. R/.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (1,39-55).
En aquellos días, María se puso en camino y fue a prisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:"¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá".
María dijo:
"Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre". Palabra del Señor.
5Consideración
Para quien medita el Evangelio, una de las co- sas que más llenan de aliento, es el ver cómo nuestro Señor Jesucristo, durante toda su vida terrena, cumplió la definición que él mismo dio de su misión en la tierra: "Dios no ha enviado su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él"(Jn.3,17). "No he venido a llamar a conversión a los justos, sino a los pecadores"(Lc.5,32). Así vemos cómo dice al paralítico "tus pecados quedan perdonados"(Lc.5,20). Y al de la piscina de Betesda: "Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor"(Jn.5,14). Y a la mujer adúltera: "¿Nadie te ha condenado? Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más"(Jn.8,11).
Porque Cristo había venido al mundo para cargar con nuestros pecados y lavarlos con su sangre en la cruz, su misericordia y su amor a los pecadores solo puede medirse por el amor que profesaba a su divino Padre. Amor eterno e infinito, que no podía generar otra cosa sino una misericordia también infinita para con nosotros, pecadores.
Si en el mundo ha habido un corazón semejante al de Cristo, ciertamente ese es el de su Madre, María Santísima. Al estar ella íntimamente asociada a la misión del Salvador, no podía menos de tener una gran identidad con él de miras y de sentimientos. Por ello la infinita misericordia del Hijo se trasvasaba en el corazón de la Madre, viniendo a ser totalmente: Madre de misericordia.
La historia de la Iglesia está dando testimonio
de cómo la Santísima Virgen María, aún después de su ida al cielo, se ocupa de salvar a los pecadores. Lourdes, Fátima, La Salette, Guadalupe, Chiquinquirá y tantísimos otros santuarios de María, a todo lo largo y ancho del mundo, nos están hablando del oficio misericordioso de María para con los pecadores.
Esta verdad también podemos descubrirla, verla plasmada, en la imagen del Perpetuo Socorro. La misericordia de María para con los pecadores, le viene de su singular asociación a la obra salvadora de Cristo Redentor. Todo en este bendito Cuadro, nos está indicando precisamente esa íntima unión de María con el divino Redentor.
Su compasión sin límites, su identificación durante toda la vida con la voluntad salvífica de su Hijo, su generosa entrega y colaboración al plan de salvación de la humanidad.
¿Por quiénes sufrió Jesucristo? ¿Por quiénes sufrió María? Por nosotros, pecadores. Sus sufrimientos fueron la manifestación del amor: "Nadie tiene mayor amor, que el que da la vida por sus amigos"(Jn.15,13). Por consiguiente, toda la imagen del Perpetuo Socorro está reflejando el amor
de Jesús y de María a los pecadores. Verdaderamente es María Madre de misericordia, Refugio de pecadores.
No dudemos, pues, en acudir a María, a pesar de nuestros pecados. Precisamente, porque somos pecadores, tenemos derecho a su protección, como se expresa san Alfonso María de Ligorio.
6Invocaciones. Como el día primero
DÍA NOVENO
Perpetuo Socorro (M.M. N°26.)
1Canto a la Santísima Virgen
2ORACIÓN
Como el día primero.3Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (1,12-14).
Después de subir Jesús al cielo, los Apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Llegados a casa, subieron a la sala, donde se alojaban Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Celotes, y Judas el de Santiago.
Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la Madre de Jesús, y con sus hermanos.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial. (S.86)
R/. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios.!
El la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob. R/.
¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Se dirá de Sión: "uno por uno todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado". R/.
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
"Este ha nacido allí".
Y cantarán mientras danzan:
"Todas mis fuentes están en ti". R/.
Lectura del santo Evangelio según san Juan (2,1-11).
- Como el día primero p. 3
5Consideración
Cuando el Señor, Jesús, ascendió al cielo terminó la obra que el Padre le había confiado en nuestra tierra para realizar de manera personal; pero al mismo tiempo fue el comienzo de la obra salvífica que deberá prolongarse hasta el fin del mundo por medio de su Espíritu, mediante la Iglesia.
Esto mismo puede decirse de la Santísima Virgen María. Predestinada por Dios para ser Madre de Cristo y Madre nuestra, íntimamente asociada a la obra salvadora de su Hijo, terminó su trabajo en este mundo con la asunción en cuerpo y alma a los cielos, pero más que un término, fue eso el comienzo de una función maternal perpetua, que se prolongará hasta el fin de los tiempos en favor de todos los llamados por Dios a ser miembros de Cristo e hijos de Dios.
La madre tiene como función natural, no solo engendrar la vida, sino defenderla y llevarla a su plenitud. Cuando, como sucede a veces infortunadamente, la madre destruye o abandona la vida que engendró, ella misma carga con la enorme pesadilla de su monstruosa acción y el mismo mundo la juzga como desnaturalizada.
María, en cambio, que es la madre perfecta, no puede menos de cuidar y defender en nosotros, sus hijos, la vida que, juntamente con Cristo y dependientemente de él, engendró en el Calvario. Por eso su acción maternal es perpetua, mientras los hombres salvados con la sangre de su divino Hijo permanezcan en este mundo en medio de los peligros y las asechanzas del demonio.
Continuamente el hombre está en franca lucha contra las fuerzas del mal. "La vida del hombre sobre la tierra, se dice en el libro de Job (7,1), es una continua lucha". El demonio, nuestra naturaleza viciada por el pecado original, el medio ambiente descristianizado, materializado y apático a todo lo espiritual, constantemente nos asechan y tratan de apartarnos de Dios. Es la protección de la Santísima Virgen la que nos puede alcanzar la fuerza y la sabiduría necesarias para esquivar tantas asechanzas y para resistir el atractivo del mal.
Qué bien quiso, pues, tomar la misma Virgen María el dulce nombre de "Perpetuo Socorro".
Todo en su imagen nos está hablando de la activa participación en la obra de nuestra salvación: como Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre espiritual nuestra, Corredentora, Estrella de nuestra esperanza, Medianera de la gracia y Madre de misericordia. ... Todo ello, nos la presenta en actitud de ayuda constante, Socorro Perpetuo en nuestras angustias y debilidades.
Por eso debemos invocarla con absoluta confianza, en los peligros, en las tentaciones, cuando nos sintamos derrotados o a punto de caer en el mal, así como en nuestras aspiraciones de alcanzar el amor, la santidad, el bien, durante la vida y a cada instante y en la hora de la muerte. ¡Ella será siempre nuestro Perpetuo Socorro, en nuestras perpetuas necesidades!
6Invocaciones. Como el día primero
CANTOS NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
A tus plantas, oh Madre querida,
imploramos con hondo gemir,
tu Perpetuo Socorro en la vida,
tu Perpetuo Socorro al morir.
A tus plantas, Perpetuo Socorro,
de rodillas tus hijos están,
por el Dios de los cielos jurando
que tus fieles amantes serán.
Cuando deje el dolor amargadas
nuestras almas con gotas de hiel,
ven, Perpetuo Socorro, a brindarnos
de tus dulces caricias la miel.
Cuando quiera el dolor conducirnos
entre nieblas llevando la cruz,
sé, Perpetuo Socorro, la estrella
que nos guíe a través de su luz.
Cuando todos nos dejen, ingratos,
porque ven que nos hiere el dolor,
ven, Perpetuo Socorro, a decirnos:
soy tu Madre, no tengas temor.
Cuando veas, Perpetuo Socorro,
que nos vamos en pos del placer,
en aquellos raudales de muerte,
ven, acibar, oh Madre, a poner.
Cuando allá nos anuncien, llorando,
que ya vamos por fin a expirar,
tiéndenos, Virgen santa, tus brazos,
no nos dejes allí naufragar.
TIENEN TUS OJOS.
Tienen tus ojos, Madre, tanta bondad,
que al mirarlos, me inundo de gozo, me inundo de paz.
Que tus ojos tan bellos, María, son prenda de vida, de luz y de amor.
¡Ah! mirarlos yo pueda en mi extrema agonía
y volarme por ellos a Dios.
Cuando mis ojos cierre, Madre, el dolor,
de mi lado no apartes tu manto bendito de amor.
Que ocultándome, Madre, ese manto, será mi mortaja más bella al morir.
¡Ah! cubierto con ella no temo la muerte,
mas espero en el cielo vivir.
¡AVE! AL PERPETUO SOCORRO.
Perpetuo Socorro quien quiera alcanzar
el Ave María, hoy venga a cantar.
AVE, AVE, AVE MARIA (bis).
La Reina del cielo se quiso llamar
Perpetuo Socorro del triste mortal.
Es Madre tan tierna que nunca dejó
sin pronto socorro a quien la invocó.
De todo peligro te puede librar
si humilde a sus plantas te postras a orar.
Si tiende maligno su red Satanás
acude a María y no caerás.
Si estás, por desgracia, en culpa mortal
suplica a María te libre del mal.
Si quieres constante la culpa evitar,
socorro en María ven siempre a buscar.
En vida y en muerte socorro tendrás
si el Ave María no olvidas jamás.

