Por: P. César Herrera
La imagen del Milagroso, lugar de cita con el Resucitado
Recuerda que Jesús les puso un lugar de cita a sus discípulos: “Vayan a Galilea que allá me verán”. Galilea era el ámbito de la vida terrena de Jesús, el lugar de los milagros, el paisaje de la convocación de los discípulos y de las delicias de la amistad con el Mesías amigo. Allí mostró Jesús su actitud de servicio a los hermanos, su donación sin límites, y allí propuso a sus discípulos que hicieran lo mismo que él: “El que quiera seguirme y salvar su existencia que la entregue en favor a sus hermanos”.
La imagen del Señor de los Milagros de Buga es para nosotros el lugar de cita con el Señor vivo y resucitado, que nos recuerda, como la Galilea a los discípulos, el escenario de la vida terrena del Mesías, lugar de los milagros, de la convocación de los discípulos y de la proclamación del Reino como proyecto fundacional y redentor de Jesús.
La imagen del Milagroso nos guía a Jesús, a la iglesia y a Dios
Los milagros de Jesús expresan dos cosas. Primera, que Jesús está en comunión con Dios y su poder divino, que en él se revela Dios, y que nosotros podemos confiarnos a él y atenernos a su palabra. Y segundo, los milagros nos enseñan que Jesús volcó todo su poder y sus capacidades en favor de sus hermanos los hombres y mujeres que se le acercaron. Los discípulos deben hacer otro tanto.
En Buga, al tiempo de la Conquista de América, una lavandera, sencilla cristiana, en lugar de invertir su dinero y su vida en la compra de una imagen prefirió emplearlo en hacerse un prójimo y un amigo como buena samaritana. Y desde entonces, En la Ermita del Milagroso se realizaron milagros y favores, y estos se multiplicaron a partir de 1884 cuando los Misioneros Redentoristas se convirtieron en animadores espirituales del Santuario. También tú, al visitar la Basílica, afirmas tu pleno respaldo a lo que Jesús te exige en nombre de Dios y te comprometes a emplear tus capacidades en favor de tus hermanos.
Jesús convoca discípulos con la imagen del Milagroso
Jesús en Galilea convocó multitudes que se entusiasmaban y lo proclamaban Mesías de Israel: “Bendito el que viene en nombre del Señor, hosanna al Hijo de David”. También en el Santuario del Señor de los Milagros se aglomeran multitudes anhelantes ante la fuente de todos los bienes.
Pero el Mesías percibió que las multitudes no le entendían el mensaje completo. Lo buscaban porque les hacía milagros y les daba de comer. Vivian una religión masiva, individualista e interesada en el propio bien y la propia salvación esperada como un regalo de Dios.
Por eso Jesús convidó a algunos hombres y mujeres a ser sus amigos especiales para vivir con ellos en relaciones interpersonales el proyecto de amistad para toda la humanidad. Les dijo: “Yo no he venido a ser servido sino a servir y a dar la vida”. “lávense los pies unos a otros como yo lo hice con ustedes”. “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”. “Yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen, nadie les arrebatará de mis manos”. “Ustedes son mis amigos sólo si cumplen lo que les mando: que se amen mutuamente”. “Si alguno quiere ser discípulo que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”. “El que se pierda su vida por mí y por el evangelio, la salvará para la vida eterna”.
Jesús el Mesías no podía realizar su proyecto de salvación sin el grupo de amigas y amigos, germen de las comunidades de los apóstoles. Y desde la imagen del Milagroso, Jesús te invita a hacerte unos amigos, a formar unos hermanos y a crear unos prójimos que sean una comunidad cristiana de amigos en Cristo. Jesús vivo te ha citado ante su imagen para decirte que él va adelante dando la vida, “habiendo amado a los suyos”, y te pide que le conquistes nuevos amigos y amigas. Para responderle, debes hacer milagros de amor porque sólo así puedes conquistar los amigos en Cristo para construir tu comunidad y compartir la comida del Reino.
Jesús revela su proyecto salvífico a través de la imagen del Milagroso
Muchos cristianos, al contemplar a Jesús adolorido y ensangrentado, piensan que Dios está airado por los pecados del mundo y le cobra a su Hijo los castigos que nosotros merecemos. Es que los seres humanos en sus culturas han imaginado a Dios como un rey y juez justo, poderoso vengador de las maldades de los hombres. Es el Dios implacable de otras religiones o de parte del Antiguo testamento.
Pero Jesús nos demuestra que él ha tenido la experiencia nueva y sorprendente de Dios como padre dulcísimo, y que debe rectificar las antiguas imágenes. Lo que complace a Dios es la comunión de hombres y mujeres en el Hijo único. Ese es su proyecto en el Mesías Jesús.



