La Capilla del Santísimo
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El lenguaje de los signos cercanos y compresibles para la mayoría de los peregrinos, ayuda para que el santuario sea un lugar de permanente oración.

En la Basílica, la capilla se convierte en el lugar de encuentro de lo humano y lo sagrado manera extraordinaria, vivida en la experiencia de la manifestación de Dios, simbólica y ritual, donde el hombre al encontrarlo se encuentra consigo mismo, con los otros y con la creación. Ese intercambio se convierte en esperanza.

El 28 de marzo del año 2000 invitado por el P. Leiner Castaño (Rector), visitó a la comunidad de Buga el P Álvaro Quevedo, vicentino, experto en todo lo que se refiere a liturgia. En horas de la noche dio a toda la comunidad redentorista de Buga, reunida en la sacristía, una conferencia muy documentada sobre su especialidad y proporcionó acertadas recomendaciones sobre la reforma del presbiterio a tenor de las más recientes exigencias oficiales del dicasterio romano: capilla del santísimo, (separada del altar mayor), ambón de cantor y avisos (distinto del de las lecturas), sede de la celebración (el lugar principal y destacado).

Las sugerencias fueron aceptadas y se aprovecha el entusiasmo para retocar algunas imágenes y los altares laterales y se moderniza el sonido con un nuevo equipo más acorde con las necesidades de las celebraciones en la basílica.

El 23 de diciembre del año 2000 en solmene eucaristía de las 7:00 p.m. presidida por monseñor Rodrigo Arango y concelebrada con presbíteros diocesanos y redentoristas se bendijo con oraciones, letanías y demás formalidades del Ritual, el presbiterio remodelado en su conjunto: altar, piso, ambones, todo con placas hermosas y brillantes de finísimo mármol.

El lunes 5 de febrero de 2001 se dio comienzo a la construcción de la capilla del Santísimo fuera del presbiterio.

Se movió la tierra, se demolió parte de paredes, se tendieron hierros y se alcanzaron a fundir dos columnas. Pero el 10, se suspendió el trabajo ante la reacción de la comunidad por la prolongación hacia atrás sobre el jardín, desfigurando la arquitectura general del conjunto templo – casa.

En reunión del 26 se convino en suspender se apéndice y limitar la capilla al tamaño de los confesonarios.

Después de un común acuerdo en comunidad se reinicia un mes más tarde la construcción de la capilla por ser prescripción de la liturgia. Todos los detalles de la Capilla están pensados para que sea una catequesis o instrucción. Veamos cada uno de ellos:

El sagrario eucarístico: lugar donde se guarda el pan sagrado o la Eucaristía en la especie de pan.

El sagrario de los óleos: es una cajita en donde se guardan los santos óleos: crisma, catecúmenos, y enfermos; como presencia real del Espíritu Santo.

La sagrada Biblia: la palabra del Señor es la que da sentido e indica cuál es la voluntad de Dios para la persona en cada momento de su vida y el ambiente en que está viviendo. En la capilla hay una gran unión entre Palabra y Sacramento.

También hay elementos decorativos con su significación propia para la vida del cristiano.

Vitral del Espíritu Santo: Es una acción creadora y santificadora. La presencia del Espíritu Santo hace posible que el resucitado esté en las sagradas especies del pan y el vino.

Vitral del cordero victorioso: a lado derecho se encuentra uno de los símbolos más tradicionales de la Iglesia: el cordero inmaculado y triunfante. En él se encuentran las huellas de la pasión, como fiel reflejo de la crueldad del pecado.

Vitral de las espigas: alusión a uno de los elementos usados en la eucaristía, el pan o las hostias hechas de trigo.

Vitral de las uvas: lo mismo que el anterior, pero ahora referido al vino, igualmente elemento esencial de la Eucaristía.

Lámpara del santísimo: indica la presencia del Santísimo. Su uso está mandado por la iglesia: ante el sagrario el que está reservada la santísima eucaristía ha de lucir constantemente una lámpara especial, con la que se indique y honre la presencia de Cristo. (Derecho Canónico No 940).

El 10 de octubre del 2001, bendición de la capilla en eucaristía presidida por monseñor Hernán Giraldo, en el altar mayor de la basílica.