El Templo del Milagroso elevado a Basílica Menor
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Las grandes religiones suelen tener sus santuarios en distintos lugares del mundo, los cuales recuerdan grandes manifestaciones sagradas y apariciones de diversa índole y contenido religioso, que suelen ser los hechos históricos fundantes o de iniciación de los santuarios; son lugares para la peregrinación y congregación de sus adeptos en ocasiones conmemorativas.

Nuestros indígenas antepasados colombianos peregrinaban, entre otros sitios, a Guatavita, Fúquene, sugamuxi, etc., y tenían sus santuarios en las montañas y los ríos.

Para los cristianos hay dos lugares de peregrinación universal: Tierra Santa (Israel y Palestina) y Roma, además de los múltiples santuarios cristológicos y marianos y de muchos santos que, en todos los países donde hay presencia cristiana arraigada, congregan devotas multitudes.
Hay basílicas mayores y basílicas menores. Las mayores son solamente cuatro y están en Roma: por orden cronológico son: San Juan de Letrán, San Pedro en el vaticano, Santa María La mayor y San Pablo Extra-muros.

Pero en Roma Hay también 62 basílicas menores, la mayoría de ellas con varios siglos de antigüedad. Las basílicas mayores tienen dos características: puerta santa para el jubileo y altar exclusivo para el Papa.

En cada país hay al menos una o dos basílicas. Por eso en todo el mundo católico hay más de mil basílicas menores.

En Colombia hay 25 basílicas menores. Por orden de antigüedad, la Basílica de Buga fue la cuarta después de las catedrales de Bogotá y Santa Marta, y el templo de la virgen de Chiquinquirá.

Para la comprensión de lo que significa un santuario, es necesario tener en cuenta que este concepto no sólo implica un lugar físico determinado con ciertas connotaciones y funciones de carácter religioso, sino también una historia, unas tradiciones y costumbres, aspectos literarios, artísticos y folklóricos y demás componentes y factores de orden cultural.

En octubre de 1936 en la Conferencia Episcopal en la ciudad de Bogotá, monseñor Adriano Díaz, recibió el pronto y completo respaldo en su solicitud ante la Santa Sede para que el templo del Señor de los Milagros de Buga fuera elevado a la categoría de Basílica:

Beatísimo Padre: Luis A. Díaz, obispo de Cali (…), expone: en la ciudad de Buga, de la diócesis de Cali, desde ya hace más de dos siglos se venera con piedad y fervor, no sólo por parte de los fieles de la diócesis sino también por parte de todo el pueblo de la república de Colombia, la sagrada imagen del Cristo Crucificado. (…).

Por esta razón, para gloria del Santísimo Redentor y para fomentar la piedad cristiana, el suscrito pide a Vuestra Santidad que el templo llamado por el pueblo del Señor Crucificado reciba el titulo de Basílica Menor. (…).

Todos los obispos de la República de Colombia, reunidos en conferencia episcopal, con sumo placer y fervoroso deseo, se unen a los votos del Señor Obispo de Cali y hacen suya la petición a la Santa Sede de ver constituido el templo en basílica Menor. He aquí el tenor de esa promesa.

Los Arzobispos, Obispos, Vicarios y perfectos apostólicos de la República, teniendo en consideración la súplica elevada de la Santa Sede por el Excelentísimo Señor Obispo de Cali, en el sentido que sea erigido en Basílica Menor el templo de la ciudad de Buga, en donde se venera la milagrosa imagen del Señor de los Milagros, y en vista de los peligros que actualmente amenazan, a la Iglesia en Colombia, se acogen una vez más a la infinita misericordia del Señor, para conjurar tales peligros y forman el firme propósito de asistir a las funciones religiosas que allí se celebraren al obtener la gracia solicitada, como una demostración pública de que solo en Él fundan su fe, sólo en Él fincan su esperanza y a Él sólo adoran y aman.

Tres son las causales que en la concesión se señalaban: primera, la antigüedad del santuario conocido y celebrado durante un periodo ya varias veces secular, pues se extiende a 358 años o sea más de tres siglos y medio; segunda, el haber sido por todo este tiempo centro de constante y numerosa romería, cuya fe y confianza en la prodigiosa imagen de Jesús crucificado jamás se ha visto confundida. Y tampoco desmerecieron, finalmente, ante la consideración de la Santa Sede, la estructura y la magnificencia del nuevo templo, que figura, por cierto, si no como el mejor, entre los mejores, no solo de esta república, sino aún de Suramérica.

En las rogativas del 30 de julio al 2 de agosto de 1934 en la alocución improvisada, al terminar la procesión final, exclamo monseñor Luis Adriano Díaz: “¡Entra señor, en tu basílica!” Frase acogida con aplausos por los obispos Heladio Perlaza y Manuel González Arbeláez, quien no desfalleció en el empeño de conseguir este título pontificio para el santuario.

El 18 de agosto de 1937 a las 8:30 am, se celebró la misa pontifical, presidida por monseñor Luis A. Díaz y concelebrada por 58 sacerdotes. Predico un bello y sentido sermón el excelentísimo señor Juan Manuel González Arbeláez, futuro primado de Colombia.

La belleza y solidez de la edificación, no menos que el título que se le dio también por la voz más autorizada de “El templo de la paz”, no dejaran de ser, para todos los católicos hijos de Colombia, emblema y germen de fraternal convivencia y de dulce unión y concordancia en el suelo nacional.

Ocho meses después de haberse firmado en Bogotá la solicitud ante la Sede Apostólica, hacia fines de Junio de 1937, con la noticia de que había sido despachada benignamente la petición llegó también el breve decreto de Pío XI por el que designaba erigir en Basílica Menor el Templo del Señor de los Milagros de Buga.